
Entre los progresistas más honrados, los que todavía escuchan el susurro de su conciencia bajo el tintineo vil del precio del poder, cunde esta correosa esperanza: «Nos hemos comido esta amnistía infame para poder desplegar ahora nuestra agenda social. Por fin se volverá a hablar de políticas materiales para mejorar la vida de la gente». Con todo el dolor de mi liberal corazón debo recomendar a estas sufridas almas bellas que abandonen toda esperanza. Nada remotamente progresista sucederá ya en esta legislatura secuestrada por el supremacismo catalán y roída por la corrupción orgánica.






