
Los caminos de la indignación ciudadana son perfectamente escrutables. A cualquiera le indigna una trama de corrupción en la que intervienen putas, áticos, ferraris, mordidas, políticos cazalleros, mariscadas, rescates millonarios, reuniones secretas de la mujer del césar, decenas de miles de muertos, la ruina de muchos más y el severo confinamiento ilegal que sufrimos entretanto. La historia lo tiene todo para capturar sin esfuerzo la atención del público y precipitar su reacción moral. Y sin embargo la corrupción política que extiende la amnistía es mucho más grave que la corrupción económica del caso Ábalos. Por si esta afirmación contradijera el juicio popular, trataremos de justificarla.






