
Antes de comenzar la batalla, el valido dispuso con cuidado una botella de agua en la mesa de su escaño como invocando la resistencia psicológica de Nadal. Iba a necesitarla frente a las baterías de la oposición, cargadas de razón fiscal, municionadas por la sucesión de escándalos que apuntan a Félix Bolaños como muñidor de una amnistía empantanada y corrosiva que cae sobre la calidad democrática de España como el ácido sulfúrico sobre la piel de un bebé.







