El corazón roto por Junts de Sánchez

Aún no sé si me cae mejor Pablo Iglesias o Carles Puigdemont: saldré de dudas al final de esta legislatura. Naturalmente ambos líderes encarnan proyectos odiosos para cualquier español que aprecie la convivencia, la libertad y la democracia. Pero en su solitaria resistencia al abrazo letal de Pedro, en su casta negativa a ofrecerse en la cama redonda de saldo y neón donde ya retozan Otegi y Junqueras, brilla un rasgo de carácter que valoro: la rebeldía de quien señala la desnudez del emperador. Precisamente porque nadie ha embaucado tanto como Iglesias o Puigdemont, los dos están vacunados contra los susurros del gran seductor. Son dos radicales libres, inasequibles a la corrupción de su ideal, por más totalitario que ese ideal resultara en la práctica. Viajan atados al mástil de sus naves a la deriva, sordos al hechizo de las sirenas socialistas, que cantan más alto que ninguna criatura del país.

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1 comentario

3 febrero, 2024 · 13:52

Una respuesta a “El corazón roto por Junts de Sánchez

  1. Avatar de nubes en el horizonte nubes en el horizonte

    ‘Cantan más alto que ninguna sirena en el país’…Ha aparecido hace poco el quincuagésimo intento editorial -Banco Santander- de popularizar algo en España la obra de Santayana. En mi caso es innecesario, puesto leyendo en el vademecum de literatura norteamericana de mi hermana mayor (¿15? ¿16?) que el interfecto se calzó sus guantes de dandy en Harvard y dijo a sus alumnos: ‘voy a ver cómo está la primavera. Ahí os quedais’ encontré a uno de mis héroes. La antología del Banco de Santander incluye sus reflexiones sobre el discurso de Gettisburgh que dio Lincoln en ocasión memorable (jajajajaja. Emh, perdón) en el que repitió la frase de los padres fundadores (……….) acerca de cómo su democracia era una fundación del pueblo, para el pueblo y por el pueblo. Les recordará a aquellos de uds que tengan sentido común la fórmula de la elevación en la misa. A Santayana, que tenía una hermana [cuasi]monja, la repetición de la fórmula lincolniana en su clase de Boston (¿A voces? le produjo un sentimiento distinto. Como a mí, sabiendo que Lincoln condenó a la horca a no sé cuántos jefes dakotas ‘involucrados’ (es la palabra de jurista) en la guerra sioux de los sesenta. Lincoln, Lincoln, what a killer. Padres de la patria, padres de la patria qué calcificación producís.

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