
Lo advirtió hace dos décadas don Pasqual Maragall en el diario sanchosférico de la mañana, de la tarde y de la noche: «Madrid se va». Y efectivamente, en este tiempo Madrid se ha ido. Pocas noticias tan simbólicas del adelantamiento como la Fórmula 1, que Cataluña solo podrá retener a costa de una inversión pública adicional al amparo del dopaje financiero que detrae el separatismo de su rehén monclovita. Y ni así está claro que puedan convivir ambos premios.






