
Cuando se trata de dialéctica, Alfonso Guerra (Sevilla, 1940) no pierde la forma. En vísperas del 45 aniversario de la Constitución defiende el legado al que él contribuyó decisivamente sin renunciar ni a la crítica ni al optimismo. Recibe a EL MUNDO en el barrio sevillano de Santa Clara, rodeado de vecinos que de vez en cuando se paran a saludarle con respeto. Es uno de los suyos.
La última vez que lo entrevisté, en mayo del 2021, el Gobierno de su partido no había indultado a los condenados del procés ni abaratado el Código Penal registrado la amnistía. Si en dos años vuelvo a entrevistarle, ¿qué España imagina que tendremos?
Hombre, yo espero que las aguas se calmen. La contestación a estos desafíos institucionales es tan fuerte que se tendrá que dar marcha atrás. Los jueces, los abogados, los inspectores de Trabajo y de Hacienda, el poder autonómico y municipal que ahora está claramente de parte del PP, lo que pueda venir de Europa, los periódicos nacionales y extranjeros coinciden en señalar una degradación de la calidad de la democracia. El Poder Judicial y el Supremo revocan nombramientos por inválidos. Esto tiene que amainar, porque si no amaina vamos camino del Caribe.






