
Tengo tantas ganas de leer Tierra firme, lo nuevo de Pedro Sánchez, como tenía de ver el Napoleón de Ridley Scott. De la segunda experiencia salí cubierto de pólvora y bajo la ominosa sospecha de que Phoenix equivocó el papel y acabó interpretando a un loco que se cree Napoleón. Todo apunta a que los afanes actorales de Pedro incurrirán en una farsa parecida, único registro en el que nuestro autor puede aspirar al clasicismo. Tiene sentido que Pedro Sánchez firme la historia de un loco que se cree Pedro Sánchez.






