
El protagonista de la novela de Voltaire creía vivir en el mejor de los mundos y el presidente del TC cree vivir en el mejor de los Estados de derecho: uno en el que él decide los límites del derecho y por tanto del Estado. Pero a diferencia del personaje volteriano el de Conde-Pumpido no es nombre parlante; cándidos serán cuantos sigan pensando que la agenda de este TC se atiene a la mínima apariencia de higiene jurídica y no a la voluntad de poder del hombre al que Cándido debe su alto sillón. Desde allí contempla el paisaje institucional en ruinas que la huida hacia delante de Pedro deja tras de sí y murmura, como su homónimo de ficción: «He visto tantas cosas extraordinarias que nada me parece extraordinario».






