
Una entrañable perversión del periodismo, oficio antaño entendido como contrapoder, consiste estos días en repetir que Feijóo no puede ser otra cosa que jefe de la oposición al tiempo que se le concede la atención crítica propia de un presidente de gobierno. Se dirá que el Rey le ha encargado una investidura; da igual: el trato es el mismo desde que hace un año Sánchez ordenó abrir fuego personal. La derecha mediática, por fortuna menos disciplinada con la autoridad que la terracota en línea de la izquierda sedicente, no se recata de ejercer su espíritu crítico con los movimientos de Feijóo o con su falta de movimientos. Por ejemplo, viene advirtiéndole con severidad de la clamorosa contradicción que supondría homologar a Junts como interlocutor. Y así debe ser, en buena lógica liberal, porque no se puede aspirar a la representación de la igualdad de todos al tiempo que se elogia la «tradición» de un partido xenófobo y golpista.






