
Suena el teléfono del presidente Sánchez en La Mareta. Al mismo tiempo suena también un teléfono en algún lugar de Rabat, y el rey de Marruecos descuelga con cuidado para oír la conversación a hurtadillas. Hace meses que escucha todas las conversaciones de Pedro Sánchez gracias al hackeo de su móvil. Conviene señalar que Mohamed VI se aburre bastante: concentrar todos los poderes en su persona era más divertido cuando le daba derecho a organizar vistosas ejecuciones públicas y torneos de cetrería con las entrañas de los reos. Pero los buenos tiempos quedaron atrás, y tampoco puede pasarse todo el año en París. Así que Mohamed ha hecho del espionaje a Sánchez su principal pasatiempo autocrático.






