
A finales de noviembre de 1781 la tripulación del Zong, propiedad de un sindicato negrero de Liverpool que cubría la ruta entre Ghana y Jamaica, tomó la decisión de arrojar por la borda a 142 esclavos africanos para poder cobrar el seguro de 30 libras por cabeza que la póliza estipulaba, alegando que así salvaban el resto de la mercancía: otros 300 esclavos. El primer día arrojaron a 54 mujeres y niños; el segundo, a 42 varones; en los días sucesivos se deshicieron de varias decenas más. Una vez en Jamaica los tripulantes del Zong reclamaron la compensación por la pérdida. Si se celebró un juicio llamado a sacudir las conciencias del sedicente siglo de las luces fue únicamente porque la aseguradora se negó a pagar.






