
De verso suelto a voz cargada de autoridad poselectoral, García-Page ha revalidado su mayoría absoluta y apenas se resiste a asumir el escenario de la debacle en julio y sus efectos catárticos. Habla de «autoexpulsión» y también de «recomposición»
Usted es ahora el socialista con más poder territorial de España. La única mayoría absoluta, presidente de la Comunidad más poblada. ¿Siente que tiene una responsabilidad especial?
No. No especialmente. No soy más que era antes de las elecciones. Otra cosa es que evidentemente los que gobernamos tenemos ahora sí la obligación moral de hacernos cargo del estado de ánimo de los que se han visto desalojados del poder. No es la primera vez que me pasa. Nos ha pasado en varias ocasiones en distintas danas nacionales que ha habido en los 90 o en el 2011 y, por tanto, sí hay que reconstruir. Afortunadamente, más allá del estado de ánimo, muchos de los cuadros que no han conseguido el gobierno o lo han perdido son en su inmensa mayoría útiles. No están amortizados, valen para el día de mañana. Eso es un valor estructural importante.







