
El Renacido.
Por descabellado que parezca, hay razones para defender la renovación del máximo goleador de la historia del Real Madrid. El señor de los 371 goles en 360 partidos saldrá del club con 36 años. Una edad provecta para un futbolista, aunque no para un atleta biónico. Se recela del renovado porque está faltando a su estadística de gol y pico por partido. La aprensión viene motivada por el propio Cristiano Ronaldo, que lleva siete años malcriando a la afición y abaratando el mérito del gol a fuerza de derrocharlo.
La decadencia de Cristiano es debatible, sobre todo antes de cada hat-trick. Pero que haya perdido desborde no debería anticiparle la jubilación. Hoy Messi juega andando porque sabe muy bien cuándo tiene que acelerar y concentra en ese instante todos sus recursos. Lo que preocupa a los madridistas es si Cristiano aprenderá a compensar su pérdida de velocidad y regate con una mayor inteligencia posicional: ser igual de letal por experiencia y no por poderío. Yo creo que ya lleva tiempo alternando voracidad rematadora con juego interior, como si dentro del cártel del gol que forma la BBC se estuviera produciendo un trasvase de papeles: Cristiano delega la potencia en Bale pero toma la asociación de Benzema. Falta saber qué rol le queda a Karim, con Morata apretando fuerte, pero ese es otro debate.







