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¿Cuándo se recuperó el Perú?

Soledad de corredor de fondo... o de sprinter prematuro.

Soledad de corredor de fondo… o de sprinter prematuro.

En los pasillos del Congreso ya no se habla de otra cosa que de fútbol. En la redacción de Radio Nacional, por citar otro lugar noble que piso con alguna frecuencia, tampoco. En el Carrefour circulan las apuestas deportivas entre los esforzados reponedores. Incluso en mi comunidad de vecinos la conversación futbolera ha dejado de ser una coartada de ascensor para convertirse en objetivo deliberado y punto de orden del día. Se rumorea incluso que se habla de fútbol en el despacho de Florentino Pérez, donde pensábamos que solo se ponían y quitaban fiscales. Los periodistas parlamentarios, los jefes de gabinete, hasta los diputados de CiU hablaban esta mañana del partido de Lisboa, donde no se les ha perdido nada desde cuartos de final.

Uno se preparaba hoy para reconocer fervores electorales bullendo por la oratoria de los portavoces, pero la sesión no pudo cursar con mayor atonía y puntuales picos de decibelios populistas o contestatarios. Cuando llegamos a la tribuna de prensa, Rajoy le estaba recordando a Coscubiela que él no ha congelado las pensiones como otros. Es un recordatorio tan recurrente en el repertorio de Rajoy –van cuatro erres por cuatro sustantivos: aliteración– que se diría que no las congeló exclusivamente para poder recordarlo luego. Añadió en tono catequético, satisfecho sin euforia, que Europa nos vaticina un crecimiento del 1,1% este año y del 2,1% el que viene, que será más de lo que crezca la mismísima Alemania. Y aseguró que terminará este mandato con menos parados de los que encontró. Veremos, pero don Mariano no es hombre que aventure pronósticos con la ligereza Champions League de su antecesor. De hecho las previsiones del Gobierno son peores que las de la euroburocracia, pues si hay una estrategia eficaz para sacarles burbujas a los mercados es la del cenizo impostado, de cuyo casandrismo venga luego a rescatarte, jubiloso, el sanedrín de Bruselas.

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7 mayo, 2014 · 18:37

Soraya ha dicho puta

Esta boca es mía.

Esta boca es mía.

Soraya ha dicho puta.

–¿Qué Soraya? –te preguntan en el Twitter, donde creen más verosímil que lo diga Rodríguez, ellos sabrán por qué.

Pero lo soltó la vicepresidenta del Gobierno y lo soltó en los pasillos, no desde el escaño. Con la crisis en la prensa y su cosecha de cobardía, oficiosidad y ventriloquia por un lado, y la tradicional omertá que vigila el sanedrín del periodismo parlamentario por el otro, uno ya no sabe con qué grado de exactitud hay que recoger una conversación de corrillo con un político. La redactora de El Mundo no dudó en titular por lo literal, con el escandalito consecuente.

El casticismo de la vicepresidenta solo puede sorprender a quien crea en los estereotipos como de hermano Grimm de las tertulias, donde se quiere un bando de pijos azules y otro de milicianos carmesíes. A lo sumo oiremos el rasgado vestimentario de algún humorista de La Sexta –clerecía del nuevo puritanismo–, sin necesidad tampoco de que procedan a mesarse las barbas y a recoger cantos para la lapidación. Porque los políticos, fuera de micro, hablan como todo el mundo, aunque quizá un poco mejor: ya dijo Churchill que no hay mayor refutación de la democracia que charlar cinco minutos con tu votante. A Aguirre le daban votos sus micrófonos traicioneros y a los que no conocían la expresividad en privado de Sáenz de Santamaría quizá les guste enterarse de que la mujer más poderosa del país no es ajena al gracejo popular del mejor castellano. Uno da fe.

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29 abril, 2014 · 20:10

Ovejas eléctricas en el Congreso

Distopía parlamentaria.

Distopía parlamentaria.

Blade Runner ha quedado como la distopía más verosímil para un Occidente hiperdesarrollado, con su atmósfera de hollín, sus replicantes líricos, su humedad ácida, sus ovejas eléctricas soñadas por androides sin escaño. Pero uno se inclinaba a pensar en los gordos satisfechos y motorizados de Wall-e como el futuro más esperable, futuro que se producirá tras la derrota final de los gimnasios y la victoria silenciosa de los triglicéridos y la tecnología. Hasta hoy. Porque hoy, un día después del multitudinario debate sobre el Tabarrón Catalán, el hemiciclo comparecía comido de calvas, sin fotógrafos, sin reporteros, sin apenas diputados; y este cronista, únicamente acompañado en la tribuna de prensa por una ujier rubicunda, experimentó una visión de la distopía más plausible en democracia: un pequeño hemiciclo urbano con portavoces hablando de Europa en idioma de signos y una multitud popular, pastoreada por personal shoppers, derramándose sobre plazas y comercios y locales de apuestas deportivas, felizmente ajena al destino de sus impuestos.

Del escalofriante ensueño vino a socorrerme la voz familiar de Mariano Rajoy. En estos plenos rutinarios que siguen a un gran evento político, sobre todo en los infumables partes del Consejo Europeo, sabedor de que nadie le presta demasiada atención el presidente gallego suele pinchar en el tocadiscos de la tribuna de oradores la cara B de su retórica personal: sus psicofonías más campechanas, tautológicas y geniales: “Si usted, señor Cayo Lara, estuviera en mi lugar, se mostraría razonablemente satisfecho. Y si yo estuviera en el suyo, me mostraría razonablemente insatisfecho”. O bien: “Usted habla mucho de Asturias, y es muy natural, puesto que es asturiano y es diputado por esa circunscripción”. Y también: “No diga lo que yo no he dicho, porque yo digo exactamente lo que he dicho”. Y en este plan. Yo miraba a los lados para compartir mi admiración con algún compañero, pero la ujier rubicunda se estudiaba las uñas.

La noticia era Cañete –nunca una novedad fue tan rebajada por el rumor antes de su oficialización–, quien aparecía en su escaño volcado sobre un tomazo de folios, supongo que los papeles para el exilio. Dulce exilio, en su caso. La primera pregunta de la sesión de control la hizo Rosa Díez sobre sus bailarinas azul eléctrico a juego con el vestido (¡y su prosodia!): versó sobre pobreza infantil y aparejaba una queja por el trato que don Mariano había dispensado a la líder de UPyD en el Debate del Estado de la Nación. Rajoy obvió lo segundo y respondió a lo primero con una cascada de millones de euros para partidas sociales que combatan “la cara amarga de la crisis”. La cara amarga de la crisis es el nuevo marco incomparable, que a su vez sustituyó al crisol de culturas edificado sobre la fiesta de la democracia. A este abuso del tópico adscribimos la cara A de la oratoria presidencial: la menos interesante y divertida.

Don Cayo y don Mariano oficiaron una dialéctica trinitaria a cuenta de la desigualdad social y la reforma tributaria. Rajoy aseguraba que esta próxima reforma persigue tres cosas: empleo, lucha contra el fraude y equidad recaudatoria. Pero el portavoz de IU contratacaba con la trinidad reivindicativa de las llamadas Marchas por la Dignidad: pan, techo y trabajo. Va uno aprendiendo que esto de la economía guarda una relación cada vez más estrecha con la teología, no solo porque se ocupa de entidades trimembres (tierra-capital-trabajo, producción-mercado-consumo, Padre-Hijo-Espíritu Santo y así) sino porque además exige notables cantidades de fe para su desarrollo. Al final a Lara se le escapó una sentencia maravillosa que nos lo acerca a Peppone, el alcalde comunista que anda siempre cordialmente peleado con Don Camilo en las novelas de Guareschi: “Usted y yo, señor Rajoy, coincidimos en la filosofía, pero no en la práctica”.

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9 abril, 2014 · 20:58

Las naturalezas muertas de Mariano Rajoy

Nacionalismo catalán, según Eddie Hopper. Artur Mas va de rojo.

Nacionalismo catalán, según Eddie Hopper. Artur Mas va de rojo.

Si la legalidad internacional ha ingresado en el dominio del oxímoron con las últimas travesuras de Putin por el Mar Muerto, las travesuras de ERC-CiU por la parte noroccidental del Mar Mediterráneo pretenden extender el manto pardo de la paradoja a la legalidad nacional. El diputado Alfred Bosch, afectado por una ptosis palpebral que no creemos a salvo de ciertas metáforas, tomó el primero la palabra esta mañana en el Congreso y le espetó a Mariano Rajoy Brey, presidente del Gobierno de España según todas las disposiciones vigentes:

–¿En qué se basa usted para asegurar que impedirá la votación del 9 de noviembre?

Pues en la ley, claro, contestó Rajoy. El otro soñaba que le dijese los tanques, a poder ser con rancho de paella para todos y el clan Tejero al megáfono, pero don Mariano es el donjuán de los silencios políticos, aquel por quien se inventó la expresión de matar callando. Entonces, Bosch, desde la ranura visual que le está permitida, volvió a la carga en procaz mixtura de lírica y amenaza, de Lorca a Corleone en un abrir y cerrar de ojos (y disculpen la maldad):

–Verde que te quiero verde. Ponga el semáforo en verde, que lo tiene siempre en rojo y encima va empujando. Haga una propuesta. En Cataluña hay millones de personas esperando, y si no cambia el semáforo puede provocar un accidente. Nosotros siempre cruzamos en verde, pero si el semáforo no cambia ya encontraremos un paso de cebra.

Así hablaba el bravo Bosch, de tremolante penacho. Rajoy, conductor de pueblos, ni siquiera se dignó a dirigirle la “mirada torva” con que Homero suele anticipar una resuelta paliza. Clavó la vista en el folio y leyó su respuesta con desgana oceánica, escuchando el gozoso crepitar del jarro frío sobre la brasa insurgente, también llamada Tabarrón Catalán (¡TC!):

–Usted pretende saltarse la Constitución, y eso sí que es un semáforo en rojo. Yo quiero que sigamos juntos, compartiendo la misma historia como venimos haciendo desde hace siglos. Y no quiero una Cataluña empobrecida y fuera de Europa. No se lo merece. Ni siquiera se lo merece usted –apostilló, en postrera concesión a la tribuna.

La mujer de Hopper lamentaba la oscuridad creadora en la que su marido se abismaba de pronto, rachas desoladas de mutismo y cavilación. “A veces hablar con Eddie era como tirar una piedra a un pozo”. Rajoy no sabe pintar noctámbulos acodados en barras melancólicas, pero solo en un tosco sentido real. En el plano figurado, en cambio, ya empezamos a vislumbrar el mentón de Artur Mas en el ángulo del lienzo que ocupa la mujer de rojo, alma embarrancada por la desatención, solitaria y rebelde porque el mundo la ha hecho así, porque nadie la ha tratado con amor. ¿Es Cataluña la naturaleza muerta de Rajoy? ¿No suena el nacionalismo como una eterna viuda quejumbrosa?

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19 marzo, 2014 · 19:17

Cita en Zugarramurdi

Fray Tomás de Torquemada: un progresista.

Fray Tomás de Torquemada: un progresista.

Amèlie Nothomb ha señalado que la Inquisición constituyó un hito progresista, pues antes de ella a las brujas se las quemaba sin proceso previo. Algo es algo. En ese sentido, las sesiones de control al Gobierno de los miércoles escenifican el mismo avance instituido por Torquemada, si bien en la hoguera democrática arden más bien las vanidades que desinhibidas señoras de Zugarramurdi. Son fuegos fatuos sin la espectacularidad del alarido poseso –como mucho el abucheo de bancada– y con las cenizas de cada ministro fénix puntualmente regeneradas para la pira de la semana que viene.

Este cronista tiene la incómoda impresión de que los verdaderos incendios se declaran en todas partes menos en el Congreso: en Suiza a cuenta de la cuenta de Granados, censor del fraude fiscal en mil tertulias; en Ceuta, a propósito del muro de las lamentaciones negras; en Andalucía, al hilo del hilo telefónico entre Moreno Bonilla y Dolores de Cospedal, apagado o fuera de cobertura en este momento; o en el Canal de Panamá, o en la Extremadura del extremoduro Monago, o en los Madriles revueltos de Espe, o en Kiev, o en Venezuela o qué sé yo. En cualquier sitio menos en el hemiciclo soberano.

La voluntariosa Soraya Rodríguez trata de paliar esta dislocación de la noticia concentrando en su pregunta semanal todos los asuntos de actualidad que pueden dañar al Gobierno. La rea de su torquemadismo sumario es tocaya, paisana y compañera de insti: Soraya Sáenz de Santamaría. Entre ambas se entabla una sorayomaquia más pirotécnica que combustible, prendida en la mañana de hoy por una traca compuesta de los siguientes petardos:

1) Molinos o gigantes. Acusación de pucherazo electoral por la voluntad autonómica de recortar el parlamento manchego en 15 diputados.
2) Gürtel. Analogía abrupta entre la trama corrupta y la mentada reforma estatutaria: «es la misma filosofía: sobres de más y escaños de menos» (sic);
3) Elegía ceutí. Se pide la dimisión del delegado del Gobierno y se formula una amenaza escalofriante: si Interior no entrega al Parlamento en 24 horas las cintas con las cinco horas de grabación de los hechos del Estrecho, este grupo parlamentario registrará ip-so fac-to una petición de demanda de amago de comisión de investigación. Ojito.
4) «¡Y además no fue penalti!», completó oficiosamente Gistau desde la tribuna de prensa.

La vicepresidenta se puso en pie, se arremangó mientras Posada trataba de apagar las teas recién encendidas y contestó solo al primer punto, que era el previsto en el orden del día. Dijo que recortar el número de diputados obedece a una demanda de ajuste que está en la calle hace tiempo. Se entiende la pataleta con que la Cámara recogió este pretexto de ahorro: no se mete uno a estudiar oposiciones si baja la tasa de reposición, y no se mete uno a medrar en un partido si le achican la boca del embudo que traga torrentes de ambición y escupe chupitos de escaños.

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19 febrero, 2014 · 19:10

Sin César no es lo mismo

Publicidad al gudari modo.

La publicidad al gudari modo.

Una sesión de control al Gobierno consta en la España actual de cuatro momentos verdaderamente reseñables: la esgrima más o menos sedosa entre Rajoy y Rubalcaba, la sorayomaquia o riña de Sorayas, el aria de Gallardón frente al coro de bacantes y el numantinismo de Wert contra los paladines del krausismo, tengan un Goya o no. Rajoy está en Turquía y para Wert no hubo preguntas de la oposición –preguntas a pillar, que son las que dan juego–, así que el espectáculo, privado de dos de sus highlights, quedó deslucido, poco seductor para grandes anunciantes, diríamos. Si en la tribuna de invitados se encontraba algún promotor de la Superbowl, pueden ustedes apostar a que salió corriendo y no paró hasta Gamonal.

No se censuró ningún spot publicitario de Scarlett Johansson pero a cambio Jesús Posada reprobó la cartelería proetarra de los muchachos de Amaiur, que llevaban quizá demasiado tiempo sentados en silencio y cualquiera corría el peligro de confundirlos con diputados. Cuando uno de los amaiurenses, período antecessor, entregó un sobre a Soraya Sáenz de Santamaría justo antes de comenzar la sesión, el presidente del Congreso le espetó a la vice sobre el micrófono abierto: “¡Tíralo, tíralo, coño!” Destapó así Posada una íntima vocación de guardaespaldas que olfateara ántrax, si no químico, al menos ideológico o protocolario.

Para colmo, la escasa expectación que levantaba el partido la mató Sáenz de Santamaría en los primeros minutos, igual que Cristiano contra el Atleti, y que Dios me perdone el parangón. Soraya Rodríguez le dirigió una de esas preguntas-baúl de la Piquer en que cabe de todo: el tren de la libertad abortista, el elitismo de la derecha, el oprobio derramado sobre los actores por la ausencia goyesca de Wert, el consiguiente símil de la Pascua militar y al fin la lucha de clases reloaded por obra nefanda de un Ejecutivo de señoritos que habría restringido el acceso a las becas para que los niños pijos paladearan en exclusiva las mieles del Erasmus. Como si los niños de papá las necesitaran. La vice vio bajar el balón suavemente, arqueó el cuerpo y remató sonoramente con un recurso que no le habíamos visto todavía:

–A usted, señora Rodríguez, la demagogia diaria se la desmiente la vida misma. Le recuerdo que usted y yo hemos estudiado en un instituto público, y no en cualquiera: en el mismo.

No cayó en el error de apostillar “y ahora compare trayectorias”, pero todo el mundo lo entendió perfectamente. Es lo que tiene jugar la baza del clasismo si no estás seguro de que el otro chorrea sangre azul.

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12 febrero, 2014 · 20:12

El PP y Faulkner

La cocina del CIS, pese a todo lo que se dice, no alcanza el grado de artificio de un doctorado de Rahola o un acta de Ayza Gámez. Cuando yo mismo empezaba a creer que la existencia de tales encuestados era una exageración, un día del pasado enero llamaron a la puerta de casa de mi novia y la amable señora del umbral se presentó como enviada por el mismísimo Centro de Investigaciones Sociológicas.

En ese momento yo estaba en la ducha. Como no estoy acostumbrado a poner nota al Gobierno en pelotas salvo cuando escribo en verano, la encuesta se la hicieron a mi novia, que se mostró muy cicatera en la valoración del equipo de don Mariano a excepción de Soraya, a quien mi novia llama “Sorayita” y por la que siente una positiva admiración de género. Le puso una nota inconcebiblemente alta. Completado el interrogatorio la encuestadora se marchó a otro bloque de pisos, arguyendo que debe observar un complejo criterio de selección geográfica para garantizar la representatividad de la muestra. Ya solo me falta conocer al depositario de un audímetro para darle un vuelco completo a mi escepticismo vital.

Por las razones expuestas, netamente autobiográficas, tiendo a concederle más crédito a este sondeo que a los anteriores so pena de bronca de pareja. El PP arroja el peor dato desde que llegó al poder, pero es que el PSOE cae otro poquito más, no se sabe ya desde dónde, aunque el voto del cabreo –a quién votaría usted mañana mismo– es para los socialistas (¡la intención es lo que cuenta, Alfredo!). Los clásicos recientes del CIS se mantienen: IU y UPyD suben, todos odian a Wert y a Gallardón, y Rosa Díez es la líder más valorada desde Aníbal, cuyos elefantes barritaban como doña Rosa en sesión parlamentaria. El CIS es generoso con Artur Mas y con Iñigo Urkullu, a cuyas respectivas formaciones aleja mínimamente de las zarpas jacobinas de ERC y Bildu. Cañete es el más valorado, y no solo por la perfección decimonónica de su barba sino porque la gente considera que es el único que se dedica a algo tangible: la agricultura, las cosas de comer. Vox aún no cosecha reacciones en esta encuesta pero a cambio tiene la de El Gato al Agua, donde Vox se hace el solitario en las trampas.

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6 febrero, 2014 · 12:50

Pasión bíblica y aborto pasionario

De entre los muchos tipos de democracia que existen, la parlamentaria no es de las que menos me gustan. Ciertamente no es tan eficaz como la democracia gamonalera, pero a cambio es más aseada y se pasa menos frío ejerciéndola. Uno ocupa su sitio en la tribuna de prensa y contempla a los diputaos, que dice Rajoy, y puede entretener el fárrago de 16 folios que ocupó su balance del Consejo Europeo decidiendo qué señoría le representa mejor.

¿Quizá Rosa Díez, cruzada de piernas en su escaño, los tacones color cereza apuntando peligrosamente a la escalera? ¿Y aquellas diputadas populares del fondo que han pasado las navidades consumidas en la impaciencia de pasear el nuevo modelito por la sede de la soberanía nacional? Desde luego no nos representa el montaraz jersey de cuello vuelto de Errekondo, como tampoco la maraña húmeda que corona el cráneo de aquella otra diputada de Esquerra. ¿Qué puede haber de monárquico en un secador? Luego pasa lo que pasa, que el hemiciclo era hoy un mar de gripe A agitado por olas de pañuelos blancos, sonoros, sacudidos violentamente por las narices congestionadas de nuestros representantes. Y uno, que arrastra un catarro reglamentario, se siente al fin perfectamente representado por los mocos de sus señorías. «¡La democracia gripada!», me señaló un ágil tuitero.

El parón navideño y la envidia del relumbrón de que ha gozado la democracia real en Burgos preparaban el desquite de los portavoces, quienes no ahorraron ni un minuto de intervención al sufrido reporterismo. Fue servido sin pausas un engrudo retórico que se extendió uniformemente desde la nueve hasta las tres. Ahí queríamos ver nosotros al llorado Leguineche. Se oyó a Rajoy insistir en que los eurolíderes reunidos en Bruselas le ven mejor color a la orina del enfermo. Se oyó a Sánchez Llibre mentar a Schumann y a continuación oponer al tabarrón catalán «la política con mayúsculas» –qué será eso de la política con mayúsculas: ¿una teocracia?– para acabar quejándose de los procedimientos de limpieza de los cuarteles. Sic.

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22 enero, 2014 · 19:50