
Nadie ha resumido la situación mejor que Rufián: «Que no nos hagan elegir entre ideología o decencia». Porque somos incapaces de elegir la segunda, le faltó añadir. Solo hay una cosa más divertida que la presunción de superioridad moral de la izquierda más golfa de Europa: el temerario funambulismo de sus socios. De día miden las distancias con el cuerpo mórbido de don PSOE, desnudado por la UCO; pero están deseando que caiga la noche para volver a citarse con él en los paradores de siempre. Siete años llevan explotando la falta de escrúpulos de Pedro y negociando privilegios opacos con Santos -indultos, amnistía, reforma del código penal, transferencias, inversiones, pinganillos, condonación, cupo- y ahora pretenden que creamos en su añoranza de virginidad. Como si no hubieran participado a calzón quitado en la gran orgía, en este chemsex desorejado que se fundó en las saunas de Sabiniano y en el que tantos han perdido no ya la inocencia sino la memoria.













