
Cualquier sanchólogo habrá detectado ya la estructura bipartita de todas sus intervenciones. La parte de Venus y la parte de Marte. En la primera ensaya la lírica de masas aflautando el tono, poniéndole ojitos al teleprónter, aterciopelando la voz hasta rozar el susurro erótico, convencido de que así es como suena un líder con lecturas y conciencia, profundamente concernido por la grave situación. En realidad solo se ciñe al manual: nunca desprecies una buena crisis exógena, oportuno burladero de tus cuitas domésticas. Por eso mima la puesta en escena y encarga el discurso a su negro más civilizado. Y por eso en esta fase venusiana dice cosas a menudo razonables, que él mismo no entiende y que le exigen un esfuerzo actoral extraordinario, nunca convincente.













