Tengo tantas ganas de leer Tierra firme, lo nuevo de Pedro Sánchez, como tenía de ver el Napoleón de Ridley Scott. De la segunda experiencia salí cubierto de pólvora y bajo la ominosa sospecha de que Phoenix equivocó el papel y acabó interpretando a un loco que se cree Napoleón. Todo apunta a que los afanes actorales de Pedro incurrirán en una farsa parecida, único registro en el que nuestro autor puede aspirar al clasicismo. Tiene sentido que Pedro Sánchez firme la historia de un loco que se cree Pedro Sánchez.
Querido militante, querido votante. Estarás escuchando muchas críticas a nuestro partido y a nuestro secretario general, que acaba de ser investido. Que ya ha ganado. No te pedimos que te molestes en rebatir a los perdedores: no necesitamos tus esfuerzos. Nada más ridículo que ver a los nuestros invocando sinceramente el interés general o el miedo a la alternativa. ¿Vas a enseñar a tus padres a tener hijos? ¿Aún crees que el poder necesita justificación? Lo que te pedimos es que madures de una vez y entiendas que la política va de ellos o nosotros, de hoy y ahora. Haznos el favor de dejar a España en paz: España lo aguanta todo, a nosotros y a ellos también, pero evítanos los cánticos a la diversidad y a la extensión de derechos. Mentir es nuestro trabajo y nosotros no nos llevamos el trabajo a casa. No nos tomes por imbéciles.
Quienes lamentan la futbolización de la política aluden al primitivismo emocional que ha convertido a los electorados en graderíos y a los partidos en tribus hooliganescas. Incluso las bengalas salen de los campos y se prenden frente a las sedes. Pero las metáforas con potencia de alegoría hay que llevarlas hasta el final, y lo más interesante de ese proceso afecta al periodismo generalista, que se ha vuelto tan resultadista como el deportivo. Los honrados hinchas de los equipos modestos han venido a emborracharse y el resultado les da igual, pero los periodistas más respetables del país se rinden al tablero luminoso de la mayoría como única ratio de la democracia, por no mentar a cuantos estuvieron a punto de rogar un autógrafo en la camiseta al investido. El otro día en una tertulia radiofónica a un analista excéntrico se le ocurrió enjuiciar la prórroga en el poder de Sánchez invocando criterios morales: la traición de su compromiso electoral, el entreguismo al chantaje de un delincuente fugado, el sacrificio de la igualdad y la solidaridad en el altar del egoísmo, el arrollamiento de la autonomía judicial. Pero sus razones caían en aquella tertulia como apologías de la monogamia en un puticlub. Al acabar, una tertuliana comentó estupefacta: «Pero qué tiene que ver la ética con la política».
Nace el tiempo de la excepción, arranca el mandato del muro sobre los escombros del 78. La historia de España nos sale al reencuentro con el gesto torvo de antaño. Vuelven las carreras delante de las porras y hasta retorna el protagonismo de los cantautores. A cambio, por fin podremos bañarnos en ese río incesante que es el cine español sobre la guerra civil sin aquella gélida sensación de anacronismo. Anoche revisé La vaquilla y hoy empiezo el segundo tomo de los diarios de Morla Lynch, que ilustran bien las ventajas del asilo diplomático. Quizá también repase los editoriales de Camus en Combat.
La investidura se produjo hace unos días lejos de Madrid, en un hotel bruselense, pactada por un fontanero del PSOE -otros dicen que electricista- y un delincuente fugado de la Justicia. Pero como el espectáculo debe continuar y hay que guardar las apariencias, se ha programado en el Congreso una representación teatral en funciones de placebo democrático, a fin de tranquilizar a los burgueses que aún creen en el tinglado.
Este periódico ha accedido a la identidad secreta del verificador que visará la gobernabilidad de España. Sabemos que es gambiano y experto en procesos de descolonización, por lo que opera bajo el seudónimo de Kunta Kinte. Estamos en disposición de ofrecer la transcripción de su primera entrevista con Sánchez. Este periódico ha accedido a la identidad secreta del verificador que visará la gobernabilidad de España. Sabemos que es gambiano y experto en procesos de descolonización, por lo que opera bajo el seudónimo de Kunta Kinte. Estamos en disposición de ofrecer la transcripción de su primera entrevista con Sánchez.
-Bienvenido a La Moncloa, señor Kinte. Así que es usted el enviado del president. ¿Le gusta la NBA?
-No he venido a hablar de baloncesto. Ustedes los españoles explotan una colonia en el noreste peninsular que lleva siglos tratando de emanciparse. ¿Qué pasos dará para revertir la opresión de Cataluña?
Rebelde es el individuo que dice no. La definición de Albert Camus, al que Sánchez ha tenido el cinismo de citar en Málaga, reviste la sencillez de lo exacto. Pero no todas las rebeldías valen igual. La mujer o el hombre que se rebela en Barcelona, en la plaza de Sant Jaume, frente a la sede del inicuo poder que planea extranjerizarlo revela un coraje que Madrid no exige. Remontar la corriente en contra de La Rambla con tu bandera de España no es lo mismo que ondearla a favor por el paseo de la Castellana.
Me escribe gente espantada con lo que está pasando y no entiendo por qué. Comprendo la depresión de mis amigos de izquierdas -los que aún vinculan su identidad política con la igualdad, no con el paquete que marca el timonel-, porque les han robado el partido y las causas por las que lo votaron. Pero me sorprende que mis amigos liberales y conservadores se dejen llevar por cierto pesimismo paralizante. Incluso me enfada. ¿Pensabais que la democracia es natural como el yogur o gratis como la radio? ¿Leísteis que el precio de la libertad es la eterna vigilancia en una taza de café con leche de soja?