
Has terminado la PAU y algo te dice que todo ha ido bien. Sacarás la nota que necesitas para la carrera que quieres, así que tienes por delante el mejor verano de tu vida: tres meses suspendidos del cielo más azul, en el umbral exacto que cierra la confusión de la adolescencia y abre la potencia de la juventud. Te propones apurar cada día de sol y cada noche de fiesta y debes hacerlo, porque los afanes sin recompensa se pudren en el alma y dejan un poso de abulia y resentimiento que torcerían el brillante despliegue de tu personalidad. Solo una vez se nos concede el dulce limbo de un hoy soleado, sin ayer y sin mañana, en la animalidad pura del presente. La seriedad de la vida ya la empezarás a comprender más tarde.













