Archivo de la etiqueta: humanismo o muerte

Un aldabón de la periferia en el corazón de Roma

No ha muerto un hombre bueno sino un hombre incómodo, valga la redundancia. Es decir, ha muerto un cristiano. Sobre la institución viva más antigua acumulamos todos tantas opiniones que fácilmente olvidamos (empezando por ella misma) su propósito originario: traer al mundo, como su fundador, no la paz sino la guerra a golpe de mejilla. A fuerza de poner amor donde reina el odio por defecto. El programa resulta tan exigente para la condición humana que Oscar Wilde -otro cristiano escandaloso- concluyó que en buena medida permanecía inédito en la historia de Occidente, con la salvedad de excéntricos como precisamente San Francisco.

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22 abril, 2025 · 11:39

Quédate con nosotros, porque atardece y declina el día

Dos amigos que habían peregrinado a Jerusalén para la Pascua caminan de vuelta a su pueblo discutiendo acaloradamente. Saliendo de la nada un tercer hombre se les une y les pregunta el motivo de su disputa. Los otros se sorprenden. ¿Eres el único en toda la región que no se ha enterado? Lo de aquel profeta, poderoso en obras y palabras. Muchos decían que era el mesías, pero ya han pasado tres días desde que lo crucificaron.

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21 abril, 2025 · 8:16

Manifiesto por el derecho a decidir del algoritmo

Nadie discutirá a estas alturas que el auge del populismo trae causa del desarrollo de internet, ese invento del futuro que nos está devolviendo a la tribu. En el mundo analógico la excentricidad tenía menos opciones de promocionar a centricidad. Pero qué le vamos a hacer si la gente se siente sola y se desahoga en las redes con una gata gorda sobre el regazo y sueña con abrazarse al bruñido chasis de un robot y delega cada vez más aptitudes mentales en la máquina maravillosa que porta en el bolsillo.

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3 febrero, 2025 · 8:18

La España que soñaba el mejor periodista catalán

En la tórrida noche del 1 de agosto de 1914, todavía conmocionado por la noticia, un joven catalán se sienta a escribir la primera entrada del diario que lo convertirá en una estrella: «Hoy también hemos sabido que Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Ya no queda ninguna esperanza».

Se aloja en la buhardilla de una pensión parisina no lejos de la Sorbona, donde estudia Filosofía. Pero Agustí Calvet no será filósofo. Aunque a sus 26 años atesora una vasta formación humanística, experimenta también la pasión por la actualidad y la vocación de influencia. Su padre, tan fenicio como el de Pla, quiso que fuera notario; pero Calvet, como Pla, contestó sin reservas a la llamada de la literatura de observación: la expresión más noble del periodismo. Su nombre de guerra será Gaziel, y a los 60 años de su muerte aún brilla con fuerza en la constelación de los grandes cronistas de la Edad de Plata, que no solo iba a dar poetas o dramaturgos o pensadores: PlaChavesCambaRuano, Fernández Flórez, Xammar, Barga Assía. Todos maestros en el arte liberal de la distancia justa.

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14 diciembre, 2024 · 10:03

Kafka en Euskadi o la rutina del mal

En toda comunidad humana, es decir, formada por animales sociales, una víctima lo es siempre por partida doble: cuando lo descubre ella misma y cuando lo descubren los demás. A la vista cruda de la desgracia sucedida a otro, un vesánico atavismo de la especie nos susurra: «Algo habrá hecho. Apártate de él». Les ocurrió a los supervivientes de los campos nazis, a las mujeres que empezaron a denunciar el maltrato, a los japoneses que no se evaporaron en Hiroshima, a los uruguayos que regresaron de los Andes: todos han confesado el proceso de revictimización al que los sometieron quienes debían acogerlos. Su historia resultó demasiado insoportable para los intactos. Quizá porque el sufrimiento ajeno les interpelaba, les hacía sentirse culpables de los golpes que la vida no les había dado o les inquiría por el grado exacto de su responsabilidad en la posible evitación del desastre. Cuando los intactos toman conciencia de su propia cobardía moral engendran una inquina aún mayor contra el causante de sus remordimientos. Entonces la espiral del silencio se espesa y la víctima acaba socialmente marginada con la general complicidad de sus vecinos.

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16 abril, 2024 · 10:13

Y Gonzalo resucitó

Hay hombres a quienes se les ordena marchar por el camino de las flores y hay otros a quienes se les manda tirar por el camino de los cardos y de las chumberas, nos explicó Pascual Duarte por la mano de Cela. Y quizá tampoco el protagonista de esta historia sea malo, aunque desde luego no le faltarían motivos para serlo. Hijo de un toxicómano y de una madre a la fuga, el chaval ya movía fardos en Villagarcía a los nueve. A los diez pasó a tutela pública escapando de los palos de su padre. Luego la mili, que en su caso no dejaba de ser una tutela prorrogada, y después la menestralía de baja cualificación a la sombra del turismo -Canarias, Marbella, Ibiza- sin dejar de ser drogadicto a tiempo completo. Un matrimonio roto, una familia perdida, una ruina segura. Y la puta calle. Los mismos cueros tenemos todos los mortales al nacer, aseguraba Pascual, pero el destino se complace en variarnos como si fuésemos de cera. A algunos más que a otros.

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3 abril, 2024 · 8:21

La pasión de Jesús García

Nació bendecido por el don del dibujo, pero también bajo el signo del sufrimiento. Quizás pensó que todos los padres beben, que una casa debe ser una encerrona y que la infancia solo es la primera estación de un vía crucis inexorable. Empezó a beber a los doce. En cuanto ganó la autonomía suficiente se fue de casa sin mirar atrás. Era un adolescente ardiendo de sed y rebeldía, carcomido por la sospecha de que el clásico tenía razón y en la naturaleza cada cual engendra a su semejante.

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1 abril, 2024 · 7:58

Por qué hay que leer ‘La montaña mágica’

Si la vida de un alpinista se divide en dos, antes y después de coronar el Everest, quizá tuvo razón Vargas Llosa cuando afirmó que la vida de un lector cambia definitivamente después de ascender La montaña mágica, de cuya publicación se cumple un siglo en este 2024. No siendo formalmente tan revolucionaria como el Ulises, la obra magna de Thomas Mann (1875-1955) pertenece al selecto panteón de novelas geniales que ensancharon drásticamente los límites del arte narrativo en el primer cuarto del siglo XX.

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22 marzo, 2024 · 8:00