Hay unas elecciones el domingo, por si usted no lo sabía. Podemos considerar esta campaña en sordina como un sincero tributo a la proverbial austeridad del carácter castellano. O podemos reconocer que es difícil competir por la atención ciudadana cuando estalla una guerra en Oriente Próximo y el presidente de tu país sale de la cabina de La Moncloa convertido en superhéroe, según doctrina sentada por Ana Redondo: quién mejor que una ministra de igualdad para reconocer al primus inter pares de la democracia.
Será cosa del tópico (o no), pero lo cierto es que la política gallega es enemiga de la rotundidad y reacia a las sorpresas. Premia la constancia, la presencia y la moderación. Y castiga a los extremos, a los paracaidistas y a los candidatos de laboratorio. Eso explica las encuestas positivas de Alfonso Rueda (PPdeG), pero también la persuasiva piel de cordero de Ana Pontón (BNG), las pobres expectativas de José Ramón Gómez Besteiro (PSdeG), los negros augurios de Marta Lois (Sumar) y la irrelevancia total de Álvaro Díaz-Mella (Vox).
Tienen los aragoneses dos maneras opuestas de enfrentarse a los aerogeneradores con los que su Gobierno, en compañía de inversores privados y con el viento favorable de Europa, aspira a liderar la producción nacional de energía renovable: como don Quijote o como Sancho Panza. Los quijotes arremeten contra los enormes molinos -los de nueva generación superan los 200 metros de altura- convencidos de que son gigantes que afean el paisaje, expulsan el turismo de calidad y causan daños ecológicos con el giro silbante de sus palas. Los pancistas no ven gigantes desaforados sino oportunidades de negocio, saneamiento de las arcas públicas y recursos para contener la amenaza de la despoblación: el monstruo que viene a verlos.
Los partidarios y los detractores no se agrupan por partidos políticos, sino que responden a las condiciones materiales de cada municipio. Encontramos alcaldes del PP hermanados con los del PSOE en asociaciones como Viento Alto, que reúne a nueve pueblos turolenses en la defensa compartida del proyecto de Forestalia, empresa que acaba de recibir la luz verde de Teresa Ribera para instalar una veintena de parques eólicos -125 molinos- en el lomo de las sierras del Maestrazgo y Javalambre.