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El ala oeste de Soto del Real

El encelamiento de los medios con Bárcenas –que no es sino la amorosa correspondencia del encelamiento de Bárcenas con los medios– amenaza con privarnos de un verano pendientes de Gareth Bale. El verano informativo fetén lo ha presidido durante toda mi vida la expectativa de un fichaje estelar del Real Madrid, y ha tenido que v enir Bárcenas con su moleskine por fascículos a jodernos la ilusión. En eso yo era exactamente como Rajoy: en verano sólo leía la prensa deportiva. Ahora nos hemos distanciado, y mientras yo consumo mi episodio diario de ala oeste de Soto del Real, don Mariano continúa plácidamente enganchado a las pedaladas inalcanzables de Froome.

El circo siniestro de Bretón también ha sido felizmente clausurado con la condena del psicópata de córneas alucinadas, al mismo tiempo por cierto que se ha cerrado el fichaje de Illarramendi, y en ambos casos era tan obvio el desenlace que los becarios del periodismo estival han podido al fin estrenarse titulando por la sobada paráfrasis a Gabo: “Crónica de una condena/un fichaje anunciada/o”. Uno no se siente periodista hasta que no ha titulado así una pieza.

Pedir una moción de censura con la moleskine de Bárcenas en la mano equivale a levantar al sol una copa de chardonnay por la igualdad de todos ante la ley, la salvaguarda fáctica de la presunción de inocencia o cualquier otra sonrosada fantasía emanada de la aldea del arce de nuestra democracia. Leo a colegas de columna que señalan la valentía de los jueces Castro, Alaya o Ruz como retenes estatales del escurridizo Montesquieu, pero yo creo que en tiempos jacobinos como los que soplan no entraña enorme arrojo apear al potentado de su pompa ni coincidir con la sed de hoguera del sufrido, depauperado y rencoroso pueblo llano. Castro cuenta con el aplauso enardecido del republicanismo en boga; de la sala de Ruz se filtran los audios de las tomas de declaración en un remedo estival y desenfadado de court show que convierte la Audiencia en una spin-off de aquel Veredicto que presentaba Ana Rosa Quintana (¿no sospechan ustedes que los sms acabarían decretando la libertad del pinturero Bárcenas, del mismo modo que los gatoadictos concedían invariablemente el Gato al Agua a Mario Conde?); y únicamente la Alaya, con su tiesura pulcra y ese trolley tremebundo que parece contener los retratos desencajados de los dorian gray del chavismo, ha padecido de veras la presión ambiental de una tierra moderadamente atávica que si algo odia más que a un señorito, puede ser a una señorita.

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14 julio, 2013 · 20:54

El procónsul Rajoy en el circo de Bárcenas

Cortafuegos alrededor de Rajoy, titulaba la prensa global en español presuponiendo que Rajoy sea un político combustible como esos ministros de los que sentencian los analistas: “Está muy quemado”. ¿Puede quemarse Rajoy? ¿Es Rajoy inflamable? Todo apunta a que no, aunque por si acaso sus ministros han salido al unísono a poner, precisamente, la mano en el fuego por él. Todos los fuegos al fuego, diría Cortázar, cuyo cuento homónimo principia justamente con un procónsul haciendo el saludo romano –facha, concluirían los memoristas históricos de Zapatero– y fantaseando con su propia estatua:

–Así será algún día su estatua, piensa irónicamente el procónsul mientras alza el brazo, lo fija en el gesto del saludo, se deja petrificar por la ovación de un público que dos horas de circo y de calor no han fatigado.

Rajoy tiene algo de estatua pero no parece tampoco un procónsul fascista, contra lo que piensa Izquierda Unida, que pide elecciones anticipadas porque ha leído el dietario contable de un tesorero codicioso. A los diarios de Trapiello nadie les hacía ni caso en la pasada edición de la Feria del Libro, al punto que Trapiello hubo de abandonar la caseta en que (no) firmaba porque le habían plantificado al lado la concurridísima barraca del puto Master Chef, pero hay que ver qué de lectores cosechan los apuntes de Bárcenas. Cuando salga la edición en Orbyt, Dan Brown puede echarse a temblar. Ambos autores, sospecho, tuercen en su escritura más por la imaginación que por la documentación. Ojo, Jabois, que en cualquier momento Bárcenas se abre un blog plagiario desde la cárcel titulado «Apuntes en sucio».

En las tertulias quien más y quien menos tiene hecho ya su curso acelerado en Barcenología Aplicada, que unos aplican al acoso y derribo del Gobierno y otros al ajardinamiento del cortafuegos. Bárcenas podría venir de Barcino, nombre de Barcelona de cuando su esplendor comercial entre íberos y fenicios, y desde luego ha quedado en Suiza acreditada la condición fenicia de Bárcenas. De otra cosa, por el momento, no hay constancia.

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11 julio, 2013 · 14:25

¿Es compatible la ética con la ola de calor?

Ya está la ola de calor abriendo telediarios como cada verano, bien que en cada país el calor se traduce noticiosamente de modos diversos. En El Cairo por ejemplo desahogan la canícula mediante el “golpe revolucionario popular”, que no debemos confundir con el golpe de Estado de toda la vida según lo tiene teorizado Curzio Malaparte. En España perdimos esa ambición y el hábito entrañable de la asonada decayó a partir de 1981, por lo que ahora, cuando Madrid se sarteniza y en las aceras hierven los callos del pinrel urbano, el único golpe que recibe el país es el de los agresivos escotes de la femineidad retadora. El calor, por cierto, en eso se parece al alcohol: estimula el deseo pero frustra la ejecución. Ustedes me entienden.

–La moral y las buenas costumbres tienen en la actualidad una reputación deplorable, y de ahí el que las chicas más virtuosas se las echen hoy, hipócritamente, de corrompidas y perversas. Es una forma un tanto extraña de la hipocresía, convengo en ello, pero así anda el mundo…

Eso le decía a Camba un amigo suyo ya en 1935, razón por la cual no podemos creer en la nueva jeremiada de Baltasar Garzón, penúltima voz jupiterina de la regeneración moral (la antepenúltima fue la de Mario Conde, y en este plan). Garzón ansía sacarnos a los españoles del “pozo gris” en que penamos como bárcenas descabalgados de las buenas costumbres, que en España duran lo mismo que una recesión. En cuanto vuelve el dinero, vuelve de su mano la alegría, el derroche, la coima, el lerele y la vicepresidencia del Banco Europeo de Inversiones do mora todavía Maleni Álvarez, la monologuista mejor remunerada de la democracia hasta que topó con el trolley tremebundo de Mercedes Alaya, mazo de roble en piel de porcelana.

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8 julio, 2013 · 14:15

Evo Morales inaugura la temporada turística

Mientras escribo, el Air Force One de Evo Morales está repostando en Canarias, para que luego digan que estamos perdiendo atractivo turístico. Los temperamentos más pacatos habrían preferido una inauguración de la temporada estival menos aparatosa, pero con esto de la globalización hay que jugar fuerte si se quiere competir, nos dicen los autores de quién se ha llevado mi queso y otros prontuarios urgentes sobre management y sexo angelical. El presidente boliviano ha desechado sucesivamente destinos tan apetitosos como Francia, Italia y Portugal, y desde luego podemos considerar la elección de Gran Canaria por parte del líder cocalero como un magnánimo aval con el que la república hermana de Bolivia viene a subrayar el optimismo económico decretado esta semana por Montoro y Rajoy en el Congreso.

Circula sin embargo una versión alternativa sobre las circunstancias que han motivado el aterrizaje canario de Evo; una versión desde luego menos halagüeña con nuestra condición de potencia turística, pero completamente alineada con nuestra condición de metrópoli venida a menos. Y es que al parecer Evo Morales ha aterrizado en España porque los países europeos antecitados sospecharon que su aparato llevaba de polizón a Edward Snowden, que es como llevar a bordo al creador de las preferentes, de la estrategia de Afinsa y de los anuncios de Media Markt todo en uno. El tío más buscado del planeta, oigan, nada más que por marcarse un capitán Renault de manual: «¡Qué escándalo, Estados Unidos espía!»

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3 julio, 2013 · 19:32

Rajoy: «Mira cómo tiemblo, Bárcenas»

Bárcenas pena en el maco y los medios insisten en sentar el culo del Partido Popular sobre un volcán de indiscreción vengativa, pero todavía no han apostado a sus reporteros bajo los ventanales de Génova para grabar los suicidios en cadena de portavoces, secretarios y bedeles.

–Como cante Bárcenas, verás. La cárcel suelta la lengua. Están todos metidos hasta el culo.

Eso piensa la calle y eso se esfuerzan buenamente los medios por alimentar. Pero uno aquí sólo advierte el desmesurado influjo de la ficción en la sociedad moderna, que yo achaco a las noches de claro en claro que pasan ahora los periodistas absortos en las series de la HBO, lamiéndose las heridas de un tiempo ingrato. La realidad, señores, se llama Mariano Rajoy, y se trata de una realidad tan gris y predecible y refractaria al suspense como lo es la realidad real, para curarnos de la cual se inventó precisamente la narrativa.

Con Bárcenas en el trullo, Rajoy puede estar tan nervioso como la Duquesa de Alba con la crisis. ¿Cuántas veces habremos de glosar la impasibilidad mariana, el fenómeno más fascinante de la política española desde la irrelevancia zapaterina? No es que Rajoy esté por encima de lo que suceda en su partido; es que está por encima de lo que suceda en su sistema nervioso, y eso a mí me parece admirable. Yo pienso que Rajoy va a ver pasar todos nuestros cadáveres por delante de La Moncloa, incluyendo el cadáver de la crisis. Y ni siquiera lo va a celebrar, por no regalar titulares a tontas y a locas.

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30 junio, 2013 · 18:11

Wert y Montoro alcanzan la propiedad conmutativa

Algo tendrá que hacer, señor Posada, con las acreditaciones de los periodistas que van quedando y madrugando para cubrir sus sesiones de control en el Congreso. Como por ejemplo -no nos pongamos tampoco demasiado originales- cursarlas. Cada mañana de miércoles sobre el hall de la Carrera de San Jerónimo planea la sombra de la Lubianka, pero no por el terror que inspiran sus mortecinos funcionarios, sino por su inoperatividad como de agrimensores kafkianos. Nos venían advirtiendo de que el modelo de la Transición se estaba agotando; lo que no sabíamos es que lo que viene después es la perestroika. En todo caso, no descarto el día en que los reporteros debidamente acreditados puedan acceder a la sede de la soberanía nacional sin distinción de credo, raza, orientación sexual. De momento seguimos soñando, como Luther King.

Cuando por fin me senté en la tribuna de prensa, Soraya Rodríguez estaba llegando puntual a su cita con el género de la diatriba. Ahora bien: en el extremo opuesto del chorro no estaba su tocaya azul, frustrando así la reedición semanal de la sorayomaquia. En la orilla de enfrente comparecía, serenísimo, el propio Mariano Rajoy, a quien la portavoz socialista se estaba dirigiendo en un tono más modulado del que reserva para la vicepresidenta, si bien tampoco se puede decir que se deshiciera en elogios al plan de becas del Gobierno:

–Mire cómo tiene el patio, señor Rajoy. ¿Por qué desea que los alumnos de menos renta no puedan estudiar? ¿Adónde quiere mandarles? –desliza, sugiriendo destinos inefables, no sé, una fábrica de Nike en Bangladesh.

Y a continuación, apuntando al escaño de José Ignacio Wert con el dedo pero sin dignarse a mirarle, como si señalara un experimento genético, remonta triunfalmente la cadena de mando para zanjar la autoría del engendro:

–Él es ministro porque usted le nombró. Sigue de ministro porque usted no le cesó. Usted se esconde tras un plasma pero el señor Wert debe volver a las tertulias, de las que nunca debió salir.

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26 junio, 2013 · 18:34

A Montoro le falta un sicario

Esta semana Cristóbal Montoro se va a reunir con las autonomías de los cojones para que rule la navaja de Ockham de la reforma de la Administración, medida la más pertinente entre las que debía adoptar el Gobierno de Rajoy desde su llegada a La Moncloa, y que le venían exigiendo ya hasta desde las páginas del Marca. Ockham, con ese talante empírico tan juicioso de los ingleses, no entendía la bulímica necesidad de multiplicar entes que tenía la metafísica escolástica, una de cuyas máximas me ha sido de gran utilidad en mi aún corta vida de columnista: «Cuando llegues a una contradicción, haz una división». A base de ramificaciones, el árbol de la ontología se volvió tan frondoso que no dejaba ver ni el bosque ni el árbol ni a Don Pimpón detrás del árbol, y ante jungla tan intrincada formuló el fraile franciscano su célebre principio de economía del pensamiento: «En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la correcta». Montoro, que por lo gárrulo de sus comparecencias no parece haber leído a Ockham, sin embargo ha hecho desfilar su política económica sobre el filo de la navaja filosófica, y si primero nos tajaron el Estado del Bienestar, ya iba siendo hora de que ahora se tajaran a sí mismos el Estado a secas.

El problema es que sólo desde el Estado central se advierte con claridad la hipertrofia arbórea de la cosa pública. Los barones se miran al espejo y, si no se atreven a compararse con una sílfide de Miss USA 2013, desde luego justifican cada una de sus adiposidades presupuestarias como absolutamente vitales para el saludable funcionamiento del organismo autonómico de los cojones. A esos cuerpos mórbidos debe enfrentarse esta semana el Estado central armado de un bisturí. Pero ay, Cristóbal Montoro no es Furio Giunta, el sicario más expeditivo de la familia Soprano. A Furio lo podías mandar a cobrar el pizzo de un comerciante remolón y te traía el fajo regado en escarlata y de propina un vistoso llavero confeccionado con las orejas del moroso. Don Cristóbal no es Furio y Monago, que vendría a ser el Júnior de Montoro, lo sabe. Y así no hay manera de dirigir una familia de la vieja escuela.

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24 junio, 2013 · 11:41

Montoro reparte fincas pero no becas

Los colegas se han reído de mi ingenuidad en el desayuno cuando he sentenciado con tono profesoral, casi al borde de la condescendencia:

–Pues yo creo que lo de la Infanta ha sido un error. Un error telemático –he apostillado, muy ufano.

Pero ni Gistau ni Jabois ni Alfageme han querido darme crédito hasta que no ha salido Montoro a repetir mi tesis en sede parlamentaria:

–Ha sido un error lamentable, pero un error. Los errores de procedimiento administrativo se producen, que nadie lo dude. Algunos, claro, son más importantes que otros. Yo pido disculpas a la Casa Real, pero no entiendo a qué tipo de especulación da lugar, pido que no se haga un uso político de este error que no tiene alcance ninguno, no perjudica el proceso judicial. Nuestra Agencia Tributaria es una de las mejores del mundo y así está reconocido internacionalmente. Ahora, si me preguntan cómo ha podido producirse, no estoy en condiciones de dar una explicación técnica sobre hechos concretos…

Y en cuanto Montoro ha terminado su comparecencia yo he corrido orgulloso adonde estaban mis camaradas: “¡Lo veis! Lo que yo decía: ¡ha sido un error!”

En fin, disculpen ustedes si estoy perdiendo malicia: será cosa del entretiempo, que no te deja decidir si quitas o no el nórdico, como para decidir si hay o no una mano negra demostrando que la ley no es igual para todos, no digamos ya Hacienda.

Lo cierto es que la expectativa de la rueda de prensa de Montoro concedía algún sentido narrativo a la matinal parlamentaria, que había abierto Rosa Díez con una pregunta menos tonante de lo que acostumbra. Si Díez se contagia del pactismo ambiental, si renuncia a su tono cafeínico, una de dos: o estamos mucho peor de lo que pensamos o caminamos decididamente a la recuperación. Menos mal que siempre surge un Cayo Lara exigiendo la supresión del artículo 135 de la Constitución, ese que por orden soberana de Bruselas modificaron a pachas PP y PSOE para poner coto al déficit. A Lara le gusta el déficit, pero no se trata de una querencia arbitraria, un capricho de sibarita:

–La razón, señor Rajoy, se llama hambre. Ustedes han entregado la economía a la troika y hemos perdido la dignidad. Somos conscientes de que hay que bajar el déficit, pero no con recortes, sino gravando el capital. ¡La deuda es impagable! ¡Plantemos cara a la troika!

En estos tiempos de disolución ideológica se agradece oír un discurso de entrañable eco revolucionario, que como sabemos por la historia se reduce siempre a hacer un simpa monumental. Rajoy le ha contestado que no es partidario de la salida del euro, claro.

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19 junio, 2013 · 18:15