
Ya no hace falta ser un paranoico de las redes para compartir esta melancólica sensación de decadencia nacional. La triste perspectiva de que la mejor España ya haya pasado empieza a asentarse en las cabezas mejor informadas porque los datos no matan el relato: se alían con él, le ponen números cantores a este nuevo noventayochismo que va refunfuñando por las novedades editoriales y los artículos de fondo. Los partidos antisistema de izquierdas y de derechas contemplan satisfechos la propagación del pesimismo en la esperanza de que ceda el centro social y el electorado se decante mayoritariamente por tirar el barreño de agua sucia con el bebé democrático dentro. Es decir, que los votantes atribuyan la pandemia, el apagón, la dana y Adamuz al pacto de reconciliación que empezó a fundarse hace medio siglo.






