
Parece que madrugaron su optimismo todos aquellos que festejaban el principio del fin de la cultura de la cancelación. Proliferan los ejemplos que cantan la entrañable resiliencia de nuestro espíritu inquisitorial. Hemos asistido a una campaña de segadores catalanes contra Filmin por exhibir un documental sobre los agentes enviados a sofocar las llamas de los incendiarios separatistas, todos ellos procedentes de familias con mayor renta per cápita que cualquier policía. Y una semana después el boinazo de Uclés tumbaba unas jornadas sevillanas que postulaban una conversación entre diferentes sobre la guerra civil, con el ánimo benemérito de no repetirla. Pero se ve que sobre nuestras guerras civiles no se puede reflexionar, porque pensar sobre ellas nos quitaría las ganas de seguir declarándolas. Que es para lo que verdaderamente fuimos creados los españoles.










