
Fui el jueves a ver Los domingos, un raro milagro del cine español. Todavía no comprendo bien que la directora haya nacido en Baracaldo hace 47 años y no en la Noruega de Ibsen, en la Dinamarca de Dreyer o en la Suecia de Bergman, con perdón. Su inmersión en los claros y en los oscuros de la institución familiar no puede ser más reconocible -conflictos universales a fuerza de locales-, pero la sutileza con la que rueda Alauda Ruiz de Azúa y la obstinación con que se sustrae una y otra vez a la tentación del dogmatismo no parece de este suelo, ni de ese gremio. Nuevamente con perdón. Pero es que por aquí estábamos acostumbrados a otra cosa, doña Alauda.






