
Nadie ha resumido la situación mejor que Rufián: «Que no nos hagan elegir entre ideología o decencia». Porque somos incapaces de elegir la segunda, le faltó añadir. Solo hay una cosa más divertida que la presunción de superioridad moral de la izquierda más golfa de Europa: el temerario funambulismo de sus socios. De día miden las distancias con el cuerpo mórbido de don PSOE, desnudado por la UCO; pero están deseando que caiga la noche para volver a citarse con él en los paradores de siempre. Siete años llevan explotando la falta de escrúpulos de Pedro y negociando privilegios opacos con Santos -indultos, amnistía, reforma del código penal, transferencias, inversiones, pinganillos, condonación, cupo- y ahora pretenden que creamos en su añoranza de virginidad. Como si no hubieran participado a calzón quitado en la gran orgía, en este chemsex desorejado que se fundó en las saunas de Sabiniano y en el que tantos han perdido no ya la inocencia sino la memoria.







¿Quien sacaria una bonita foto del rufián y su comisario Ballesteros? Algo habrán intermediado ¿no? Habría de ser alguien retro-retro, al estilo Colita o Cristina Garcia Rodero con la capacidad, si se tiene un mal día, de hacerte sentir que de esas no vas a salir. Aunque la Rodero tiene un encanto en ciertas -varias- de sus tomas que vendrian anchas a ese reparto, también es cierto.
‘Comisario Villarejo’ en vez de ‘comisario Ballesteros’. Tengo que pedir perdón, y no es la primera vez, por mis solecismos.