
La galerna azota el barco que trasporta el cuerpo enfermo y el alma melancólica de Gaspar Melchor de Jovellanos desde su Gijón natal hasta el Cádiz de las esperanzas liberales, circunnavegando un país invadido. Ha tenido que zarpar apresuradamente del puerto gijonés porque la ciudad está a punto de caer otra vez en manos francesas. Pero conviene obedecer al Cantábrico cuando avisa, de modo que el capitán ordena buscar refugio en Puerto de Vega. Y en aquel puerto de donde zarpaban los balleneros asturianos, al abrigo del temporal que resume su vida de capitán Ahab del liberalismo, será donde se extinga el brillo de la inteligencia más corajuda de nuestra Ilustración. Tenía 67 años y un virus en los pulmones que le robó el último aliento.






