
Madrid es un cementerio de paracaidistas del PSOE, un Arlington bufo de patriotas de partido derrotados sistemáticamente por el voto de los madrileños. De Trini y Sebastián a Simancas y Pepu, el camposanto socialista lleva décadas creciendo, recibiendo cuerpos desmadejados de reclutas de última hora enviados a morir contra el liberalismo hegemónico en la región. Como Lobato no era un paracaidista, lo ejecutó directamente Ferraz. Y no parece que López (a pesar de ese chaleco de explorador en tierra hostil que se calzó el día de su bautizo) vaya a ser capaz de sobrevivir allí donde cayeron los sucesivos soldados de Zapatero y Pedro. Que un referente de la Movida como Leguina ostente la condición de último presidente socialista retrata la sostenida impotencia de la izquierda madrileña. Para colmo se les hace ayusista.








