
El periodista político conoce las ventajas de conferir un tratamiento deportivo a todo proceso electoral. Las estadísticas, los contendientes, la carrera, el suspense, la victoria o la derrota. Es un esquema narrativo probado mil veces, porque funciona. Pero los comicios vascos de 2024 pasarán a la historia por habernos ofrecido el espectáculo menos espectacular de la historia democrática. La descontada hegemonía nacionalista, la atonía calculada (Bildu) o involuntaria de las estrategias, el discreto encanto de los candidatos y la contraprogramación del adelanto catalán se aliaron para sumir a los votantes en una desmovilización oceánica y a los tertulianos en un aburrimiento mal disimulado. Al parecer la gabarra consumió todas las reservas emocionales del pueblo vasco. Y la perspectiva de un triunfo batasuno solo sirvió para que el sanchismo teatralizara a última hora el rasgado de las mismas vestiduras que a primera hora de este lunes lucirán ya recosidas como la piel del monstruo de Frankenstein.






