
He pasado media hora viendo chistes de Arévalo y ninguno me ha hecho reír. Tampoco me han ofendido, entiéndanme. Es solo que la eficacia de un chiste depende antes de la técnica interpretativa que del argumento en sí; los chistes de Arévalo son tan malos como los de Chiquito, pero el arte único de Chiquito aún asegura la vigencia de su comicidad, mientras que el convencionalismo castizo de Arévalo, siendo válido en su tiempo, quedó rápidamente desfasado.






