No falla, amigos: cuando las crónicas se centran en el demérito del rival es que el Madrid ha hecho un partidazo. Leemos mucho sobre el desmoronamiento del Borussia y menos de lo necesario sobre los once hombres concentrados en desmoronarlo con presión alta, ayudas defensivas, ambición de gol y claridad de ideas. El Madrid se enseñoreó de la eliminatoria en los primeros veinte minutos y ya nunca la soltó. Es cierto que hay que ir a Alemania, pero un 3-0 en una ida de cuartos de final es renta como para que el madridista llegue absolutamente orgulloso a la oficina.
De entre todos los artífices de la rotunda victoria hay consenso general en torno a la excelencia de Pepe en defensa y de Isco en ataque. Pepe sigue marcando el alto grado de tensión competitiva que necesita el equipo en el punto álgido de la temporada. Lo de Isco, en cambio, es una magnífica novedad del presente curso. Era su día y respondió con arte y sacrificio, vengándose personalmente del equipo que eliminó a su Málaga el año pasado y vengando sobre todo al Madrid de los mismos malhechores. Hizo las dos cosas que ejecuta mejor: deshacer cinturas con el balón cosido y labrarse el hueco preciso para disparar a puerta con la peor de las intenciones. Su gol le dio al Madrid la confianza que necesita para construir el juego sin impaciencias sobre la creciente desmoralización del adversario.
Pero cuando el Borussia quiso rebelarse contra su destino, Isco, que para eso suplía a Di María, también ayudó a la línea de medios tapando la banda izquierda, corrió hacia atrás y se ajustó sin melindres el mono azul de operario pese a que se sabe miembro por derecho de la sociedad general de artistas. A estas alturas de competición no se puede seguir vivo sin mancharse de barro las medias y el malagueño lo entendió perfectamente. Ancelotti cuenta con un Isco fresco y peligroso para las batallas decisivas del calendario.
(La Lupa, Real Madrid TV, 3 de abril de 2014)
La locución aquí, a partir del 67:55.







