El caso Ana Iris

Apenas fueron un par de segundos, pero entre el final de la intervención de Ana Iris Simón en Moncloa y el primer aplauso transcurrió tiempo suficiente para llegar hasta 2050 y volver espantado. La tensión se coaguló en densos trombos de incomodidad que paralizaron el seso de la concurrencia. ¿Hay que aplaudir también cuando no recibes la dosis de adulación sobreentendida? ¿Qué pensará el jefe? Al final un valiente juntó las palmas y acabó con la agonía. Los actos de ningún presidente están pensados para que una invitada que no llega a los 30 te salga respondona, pero los de Sánchez mucho menos. A las pocas horas los mastines digitales del sanchismo ya seguían el rastro de la insolente como si algún mayordomo monclovita les hubiera dado a oler una de sus prendas. Habrase visto, qué deslenguada. Y se dice de izquierdas, si apesta a Vox. Peor: ¡a Falange!

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25 mayo, 2021 · 10:28

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